Entrevista por Juan Garrancho

 

 

-Lo primero que me llama la atención es el largo tiempo que ha transcurrido desde vuestro anterior disco en estudio, “La calle del sol” (1995), hasta éste “El sueño de la tortuga” (2004). ¿Por qué habéis tardado tanto en entrar de nuevo en un estudio para grabar?.


Por haber estado en constante gira. Sin parar entre 1996 y 2001, primero en Cuba y luego muy intensamente, en los EEUU. Hasta que en Los Angeles, en mitad de una gira ese año último, decidimos regresar a casa para aislarnos y trabajar lentamente en el nuevo disco “El Sueño de la Tortuga”. Durante ese período, de todos modos, grabamos tres discos en directo: “Noches con Sol” (en Zaragoza, 1996), “A Mitad del Camino” (en Santiago de Cuba, 1998) y “Live in Chicago” (en Chicago, 1999).
Aunque creo que “A mitad del camino” (1998) puede considerarse también disco de estudio. Fue grabado sobre un escenario, con público, pero dentro de los estudios EGREM de Santiago. Contenía siete canciones nuevas y cuatro versiones de canciones de anteriores discos completamente transformadas.


-Creo que el tiempo que ha pasado ha merecido la pena porque habéis conseguido un disco muy maduro, con melodías y composiciones muy bellas que consiguen enganchar y gustar más y más a medida que escuchas sucesivamente el disco. ¿Cuál es tu opinión sobre el resultado final?.


Es el resultado soñado.


-No obstante, antes de ver el disco en la calle, habréis pasado por algún que otro problema. Incluso ha habido cambios en la formación. ¿Qué ha sido lo más difícil cuando planteasteis la gestación de este nuevo disco?.


Lo mas duro fue que compañeros de toda una vida decidieran abandonar. Pero, musicalmente, ha sido muy bueno para el grupo, para su evolución. Los abandonos han sido siempre una cuestión de agotamiento de esta forma de vida. A algunos no nos agota y a otros sí. Es normal.


-En una entrevista publicada hace ya mucho tiempo, leí que una de tus manías era llevar siempre contigo tortugas (me imagino que en colgantes o en figuras). ¿Tiene esto algo que ver con el título del nuevo disco?.


La tortuga es un animal con el que siempre me he sentido muy identificado. Pero, independientemente de esto, la interpretación del título corresponde a quien escuche el disco. Para mí, el título significa tantas cosas, me conduce a tantos lugares, momentos y sentimientos, que podría emplear todo el espacio destinado a esta entrevista para contártelo. Es como si las canciones fueran los capítulos de un libro llamado “El sueño de la Tortuga”. El título es el sentimiento con el que uno se queda cuando ha escuchado, tranquilamente, el disco entero.


-Para la composición del disco os encerrasteis tres meses en el Monasterio de Veruela. ¿Por qué elegisteis este lugar para la creación de nuevas canciones?.


Por la necesidad de aislamiento para desarrollar el trabajo. El Monasterio de Veruela reúne todas las características que necesitábamos en ese momento en lo profesional, pero también, y muy importante, en lo personal de todos nosotros. O mejor dicho, de los tres que quedamos en el grupo.
El Monasterio nos atrajo de un modo irracional: una mezcla de azar, necesidad vital, atracción espiritual, y artística, nos condujo hasta él. El Monasterio ha sido el lugar donde morir y renacer de nuevo; el lugar donde abandonarnos a una metamorfosis de donde surgiera un nuevo grupo; el lugar donde dejar nuestra antigua piel, para comenzar una nueva vida, una nueva etapa, un primer disco, y no el último y nuevo de una larga lista. Hasta estuvimos pensando muy seriamente y durante mucho tiempo en cambiar de nombre. Aunque, al final, nos dimos cuenta de que seguíamos siendo y seguíamos sintiéndonos al máximo Distrito 14, aunque ahora peferimos denominarlo solo con letra: distritocatorce.


-Es difícil imaginarse la vida de rockeros como vosotros asuetos como monjes en un ambiente tan religioso como en el que os encontrabais. ¿Cómo era la vida dentro del monasterio?.


En el Monasterio de Veruela no hay monjes desde los años 70. Pertenece a la Diputación Provincial de Zaragoza que nos dio el permiso para vivir allí. Fueron tres meses solos los tres, con un responsable de la Diputación al que asignaron para estar con nosotros. Dándose la feliz casualidad de haberlo conocido años antes durante una gira en Cuba, un gran tipo.
En esos tres meses de crudo invierno el Monasterio apenas recibía visitas, asi que estábamos siempre solos, con alguna esporádica aparición de alguno de los dos encargados del lugar, que nos trataron siempre de maravilla. Pero a las seis de la tarde ya ni eso. Se cerraban las puertas y allí nos quedábamos. Fuera del transcurrir del mundo por completo. Grabando, tocando cada uno por separado, escribiendo, leyendo, paseando, pensando, soñando. En definitiva, poniéndonos en contacto cada uno con nuestro interior, algo para lo que no habíamos tenido ni un instante en años. Conseguimos reflexionar y pensar en todo lo que habíamos hecho durante tantísimo tiempo de constante gira. La necesidad de reencontrarnos con nuestro pasado era esencial, con el pasado lejano, pero también con el pasado reciente que no habíamos tenido tiempo de revisar. El estado de velocidad, de excitación permanente, que traíamos con nosotros de los EEUU, y que fue tan positivo y necesario durante millas y años, nos podía haber hecho finalmente mucho daño si no nos hubiéramos detenido a tiempo. Y el Monasterio fue el mejor sanatorio para el alma que podíamos haber encontrado.
Para nosotros en ningún momento el Monasterio tuvo, o tiene, el único sentido católico que parece albergar. Sino un claro sentido espiritual al margen de creencias, un lugar donde ponerse en contacto con uno mismo para avanzar, para crecer como personas, para ganar en humanidad. Es un lugar muy especial, te lo aseguro. Cualquiera que vaya allí, con un poco de sensibilidad, lo puede sentir, sea de la creencia que sea, o no tenga ninguna, da igual.


-Me imagino que a pesar de estar aislados del mundanal ruido debieron ocurrir bastantes anécdotas (incluso tal vez alguna aparición fantasmal: Gustavo Adolfo Becker escribió allí “Cartas desde mi celda”). ¿Podrías contarnos alguna?.


Llegamos definitivamente allí un 14 de Diciembre. El de más frío en años. Catorce grados bajo cero. Estuvimos un rato ensayando, alucinados por estar allí, claro. Todavía no acabábamos de creérnoslo. Solos en aquél inmenso Monasterio con un kilómetro de murallas alrededor. El lugar donde ensayábamos estaba muy próximo al claustro y a la iglesia. Después de la toma de contacto inicial con el equipo que habíamos instalado para ir grabando los ensayos, subimos a cenar a un gran salón. Y recuerdo aquella primera cena, los cuatro solos entre aquellas enormes estancias, inacabables pasillos, la noche, la oscuridad, el frío afuera. Nuestras habitaciones estaban cercanas a los ensayos. Después de cenar acudí a mi habitación a por algo. La sensación al estar solo, por primera vez allí, era muy intensa: un poco de sobrecogimiento, pero a la vez una gran paz; y una gran alegría; y una sensación de estar en una burbuja de tiempo, como si éste se hubiera detenido completamente; como si todos los aconteceres de la vida, y el mundo, permanecieran suspendidos para darnos tiempo a recuperarnos de un gran cansancio que, de no remediarse, nos impediría llegar con bien, y con serenidad, a los aconteceres de la vida que hubiera por venir.
Regresé al salón y bajamos de nuevo para seguir tocando un poco más. Eran nuestros primeros acordes en el Monasterio. Apasionante. Y de repente se fue la luz. La oscuridad total. Un gran ruido de agua, como si hubiera una catarata allí mismo, al lado. Eduardo, el responsable de la Diputación tenía una linterna. Encontró los fusibles, nada, no había manera de solucionarlo. Mientras tanto seguíamos oyendo aquel ruido de agua. Intentamos ver qué sucedía. Con la linterna, y algunas velas, subimos por las escaleras de donde procedía aquel ruido. En efecto, caía mucha agua desde la parte de arriba de las escaleras. No entendíamos qué podía haber pasado, que mala suerte. Temerosos de que aquello pudiera significar el fin de nuestra estancia allí, el primer día, nada más llegar, y un desastre. La oscuridad era completa, el frío se apoderaba de las estancias. Sin saber qué hacer, pero a la vez con la tranquilidad de no haber hecho nada que pudiera causar aquel estrago.
Eduardo llamó a uno de los encargados del Monasterio que vive en un pueblo cercano, en Vera de Moncayo. Y cuando éste llegó descubrieron el problema. El intenso frío de aquella noche de nuestra llegada había congelado el agua en las tuberías, y una había reventado. El agua que escapaba por la rotura, y caía en catarata por las escaleras, había llegado hasta unos cables en otra estancia, y había producido un cortocircuito produciéndose el apagón. Esa fue nuestra llegada.
A la mañana siguiente, nuestro primer despertar en el Monasterio, nuestra primera e inolvidable mañana. Solo hubo bromas por parte de los encargados y del personal por lo acontecido. Fue un comienzo intenso de verdad. Pienso que el Monasterio te pone a prueba, y una vez que te concede la entrada se convierte en un hogar inolvidable y entrañable, a pesar de su aspecto austero, frío e inhabitable. Aún recuerdo cuando solicitamos el permiso a la Diputación para aislarnos allí. Nadie entendía cómo era posible que quisiéramos quedarnos aislados en pleno invierno en un lugar asi. Y hoy te aseguro que ha sido una de las experiencias más bellas e inolvidables en nuestra vida. Qué gran fortuna haber tenido la posibilidad de estar allí, en aquél momento, en aquél invierno.


-El disco lo habéis grabado principalmente en los estudios Sonoland de Madrid, aunque hay preproducciones y ambientes grabados tanto en el monasterio de Veruela como en EEUU. ¿No es más fácil elegir un solo lugar para hacerlo todo?.


Cada lugar y cada persona con la que se ha trabajado en este disco han sido una elección muy meditada. Ha sido un largo trabajo que comenzó en Chicago con una primera preproducción con Jack Letourneau. Y que luego continuó con el retiro en el Monasterio. Hasta aquí la preproducción, excepto en un par de canciones que preparamos en Muel, al lado de Zaragoza y cerca de Fuendetodos, donde nació Francisco de Goya.
La grabación estaba claro que iba a ser en Sonoland, nuestra segunda casa, y con Carlos Martos como productor. Es con quien hemos trabajado más discos. Él nos entiende, nos entendemos profesional y personalmente, nos queremos mucho. Y un disco como éste solo podía estar trabajado de esta manera. Todos: grupo, músicos, productor y el ingeniero de sonido, que ha sido Héctor Sagrario, hemos sido y somos lo mismo, todos somos distritocatorce cuando estamos grabando. Eso es lo que queremos, y por eso hemos podido hacer un trabajo lento, muy lento, que nunca encontrábamos el momento de terminar. Hemos hecho paradas para ir valorando lo que se iba haciendo; trabajando los aspectos que menos relieve habían cobrado; dando tenues pinceladas, que en una grabación convencional, o en una en directo, no es posible detallar. Un placer de grabación. No sabes la satisfacción que nos ha dado este trabajo. Esta grabación era la que siempre habíamos soñado. Y creo que, después de esto, ya no vamos a querer grabar de otra manera.


-En el primer single que ha salido de este disco, “Valium y Champagne” contáis con una colaboración de lujo: Antonio Vega. ¿Cómo surgió esta colaboración?.


En un intervalo de nuestra grabación, Carlos Martos produjo a Antonio Vega dos canciones para su unplugged. Y, sin decirnos nada, le puso el trabajo que estábamos haciendo y le gustó mucho, mostrándose dispuesto a colaborar si queríamos. Cuando Carlos me lo dijo no lo podía creer. De hecho no lo pude creer hasta que se hizo realidad, y aún con todo, creo que ni siquiera ahora lo puedo acabar de creer. Es un honor, un placer, una sensación de alegría, incapaz de ser contenida en palabras, lo que me produce que Antonio Vega esté en este disco.


-Parece que al fin en España os están teniendo más en cuenta, incluso se ha llegado a emitir vuestro primer vídeo clip en canales musicales como MTV ¿Cómo está siendo la promoción del disco a nivel tanto nacional como internacionalmente?.


Está siendo de verdad, quiero decir, sin campañas de marketing. Eso significa una gran limitación, pero a la vez se está produciendo otra promoción que nos llena de satisfacción, el boca a boca, y promoción con más verdad que esa no existe. Y los medios donde estamos apareciendo están difundiendo el disco sin tarifas, sólo porque les ha gustado.
Seguimos, por tanto, siendo independientes, a pesar de haber sacado el disco con DRO. La promoción está dirigida por Jorge Dávila, que desde siempre ha trabajado con nosotros. Él está llevando a cabo este trabajo desde Get In, que es la agencia de management que nos representa desde hace unos meses y que nos hace sentir que sí, que vamos a dedicarle la concentración a nuestro país, después de tanto tiempo sin haberlo hecho.
Internacionalmente, en el caso de EEUU, es una cuestión que para nosotros no está separada de España. Pensamos en Zaragoza, Madrid, Jaen, New York, Chicago, San Sebastián, Los Angeles, Barcelona... no establecemos una separación, solo que esta vez va a ir por partes. Allí, en principio, creo que haré una incursión en solitario, con mi guitarra a cuestas, a principios de la primavera que viene, en varias ciudades. Será como anticipo de la edición norteamericana del disco, que ya estamos negociando. Después vendrá una nueva gira de todo el grupo, que supongo será a finales del año que viene.

-Después de haber hablado sobre vuestro último disco, me gustaría hacer un repaso por vuestra carrera: La verdad es que empezaste muy joven con esto de la música (el primer concierto lo diste con tan solo 12 añitos). ¿Qué te motivó a coger una guitarra y empezar a componer tus propias canciones?.


Crecí atraído, o mejor, atrapado por la música. Desde que tengo uso de razón la música se queda pegada a mis oídos. Había, ya entonces, melodías que yo inventaba en cualquier momento, andando por la calle por ejemplo. Recuerdo un día con ocho años, cuando comenzaba a aprender guitarra con Alberto, con quien años después formé Distrito 14: Ibamos andando por el barrio con otros amigos, y yo canturreando melodías que surgían de mí de forma instintiva, directa, y sonaban extrañas, muy extrañas a quien las escuchaba. Aunque ahora no las recuerdo claramente, sí me queda la sensación de que no eran muy diferentes de las que después con los años he ido componiendo. O, al menos, estoy seguro de que no tenían nada que ver con el tipo de melodías que se escuchaban en la radio en aquellos años. Así que me temo que, entonces, fue la guitarra la que me cogió a mí y no yo a la guitarra.


-En muchas de tus canciones evocas a tu niñez. Me imagino que debió de ser una etapa muy feliz de tu vida, ¿no?.


Enormemente feliz, allá en el barrio de La Jota. Este era entonces como un pueblecillo alejado de la ciudad. Tuve la fortuna de poder correr por las calles sin coches, por los campos, de descubrir casas abandonadas, en fin, de descubrir la vida en medio de un lugar lleno de enigmas para los ojos de un niño. Una verdadera aventura diaria. Sin necesidad de dinero éramos felices en un lugar que para nosotros era paradisíaco, a pesar de que con lentitud algunos agujeros de hormigón, nuevos asfaltos y pérdidas de antiguos cañales y lugares de aventuras, se fueran produciendo.
Sé que fui muy afortunado. Aquellos largos veranos, que intensidad, que emoción, que descubrimiento paulatino del mundo a medida que iban transcurriendo los años y, poco a poco, todo se iba transformando: nosotros, el barrio, nuestros deseos, ocupaciones, amistades, nuestros primeros sueños... en fin, la vida en libertad bajo el cielo, en las orillas de los ríos. Que gran fortuna tuvimos los que tuvimos una niñez así. Una fortuna que no se agota nunca, en toda la vida.


- Al principio tocaste en algunos grupos con tus amigos del barrio. Me imagino que al igual que el primer amor, la primera actuación en tu vida no la habrás olvidado. ¿Qué recuerdas de aquel primer concierto?.


Como bien dices, es uno de los recuerdos que, en mi vida, más fuertemente grabados se encuentran. Y aún más la mañana siguiente a aquel concierto. El despertar sin acabar de creer que se hubiera producido, que realmente hubiéramos actuado ante un público, el del barrio, entusiasmado. Aquella mañana siguiente la tengo grabada a fuego para siempre: Una mañana soleada, muy luminosa, de luz blanca. Recuerdo caminar por la calle donde nací, la calle de Los Caracoles. En la esquina habían instalado un carrusel para los niños, que aún no estaba abierto, y desde el fondo de la calle surgía una melodía, una canción de Pink Floyd, “Have a Cigar”, que llegaba desde la sinfonola de unos futbolines. Ya ves que clase de repertorio tenía la sinfonola aquella de nuestro barrio, no estaba mal ¿No?. Era el día de Navidad.
La noche anterior, Nochebuena, a la una de la madrugada aproximadamente, habíamos tocado mis amigos y yo, entonces el grupo Zen, por primera vez en nuestra vida, en la puerta de la iglesia del barrio. Puro rock, con canciones nuestras y algunas versiones como “Night in White Saten” de Moddy Blues, o cómo no, “Smoke and the Water” de Deep Purple, “Oye Cómo Va” y “Black Magic Woman” de Santana, o “Abre la Puerta Niña” de Triana. Tenía entonces doce años y desde entonces supe a qué me iba a dedicar durante toda mi vida.

-Unos años después, en 1982, nace Distrito 14 para actuar en el “Primer Concurso de Rock Ciudad de Zaragoza”. ¿Que recuerdos tienes de aquello?


La ilusión desbordante de todos los grupos que participamos. Casi todos nos conocimos entonces y resultó que éramos un montón. El éxito de público fue enorme. No ganamos aquél concurso a pesar de que todo el mundo nos daba por ganadores, no importó. Aquello fue el germen de todo lo que ha sucedido musicalmente en Zaragoza durante muchos años, y desde luego nuestro principio como Distrito 14.
En cuanto a aquella primera actuación, en el concurso, la recuerdo con el mayor cariño. Nuestra primera formación, la fuerza que desarrollamos sobre el escenario. La primera vez que teníamos la oportunidad de mostrar nuestra forma de hacer las cosas, y la respuesta emocionante de verdad. Eran nuestras primeras canciones como Distrito 14. Que bellos e intensos recuerdos.


-Luego llegaron más actuaciones y concursos, pero lo más llamativo ocurrió en 1984 cuanto se os presentó la oportunidad de grabar un disco nada más y nada menos que en Frankfurt (Alemania). Allí os plantasteis y en dos meses lo grabasteis e incluso actuasteis por bares de allí. ¿Cómo fue vuestra estancia en Frankfurt?.


Un choque emocional y de crecimiento personal, en todos nosotros, muy fuerte. Fueron cuarenta días de grabación y, a nuestro regreso, ya no éramos los mismos. Es como si hubieran pasado años. Fue nuestra primera salida de España como grupo y nos marcó. Vaya que si nos marcó. Nos rompió las cadenas, nos acercó al mundo. Fue un gran salto que seguro hizo posible los saltos posteriores. Cuando estábamos muchos años después en los EEUU me daba cuenta de vivir muchas emociones, incluso muchos hechos, que ya se produjeron en aquél primer viaje a Alemania y que no había vuelto a recordar.


-Lo curioso e irreal es que, por problemas ejecutivos y de criterio artístico, del disco tan solo llegó a editarse una copia. Muchos seguidores del grupo están deseando escuchar este disco. ¿Habéis pensado, con la tecnología actual, editarlo al fin?. Si es así, ¿para cuando?.


Te aseguro que desde siempre hemos tenido claro que ese disco algún día va a salir a la luz. No sé cuando, pero saldrá, en su momento. No fue entonces y no ha sido hasta ahora. Veremos cuando llega. Puede ser el mes que viene, o el año que viene, o dentro de diez años, no lo sé. Será cuando sintamos que es el momento.

-La desilusión por no editar el disco me imagino que debió de ser muy grande, incluso os disolvisteis y formaste otro proyecto bajo el nombre de “Pécora Jarris”, aunque fue una etapa pasajera ya que pasados unos años “Distrito 14” vuelven con fuerzas renovadas. Sin lugar a dudas sois una banda que ha sufrido y superado mas de mil obstáculos y dificultades. ¿Qué les diríais a los grupos que tropiezan ante la primera piedra y deciden tirar la toalla?.


Si alguien decide tirar la toalla ante el primer obstáculo no voy a ser yo quien le diga que no lo haga. Al contrario, le animaría a ello.
En cuanto a aquél disco de Alemania no hubo desilusión por mi parte por no sacarlo, y no porque el resultado no fuera bueno. Al contrario, conseguimos hacer un disco espectacular. Pero he de reconocer que no me sentí identificado con lo que aquellas canciones expresaban una vez que regresamos a casa. Era como si en ese disco se hubiera reflejado una parte de mi vida que sentía superada, que había quedado atrás; como si mi vida en lo personal también se hubiera visto sacudida, dividida en dos. Mi vida antes del viaje a Alemania y mi vida después. Y no me sentía capaz de defender aquello que habíamos grabado, porque pertenecía a una forma de entender el mundo que, a pesar de haber sido concebida por mí, ya no era la mía.
Fue una dura decisión, por encima de la subsistencia económica del grupo. En ese sentido de verdad que lo siento, pero creo que fue decisivo para evolucionar, para aprender, y que lo que pareció una locura era simplemente seguir los dictados del interior, de la conciencia. Sin embargo, ahora no me importaría que el disco se editara y que la gente lo pudiera escuchar. Aunque difícilmente creo que podría interpretar en directo alguna de aquellas canciones.


-Al fin en 1992 conseguís otra oportunidad, pero esta vez con la multinacional Emi con la que editáis “El cielo lo sabe”. Una de las personas fundamentales que os ayudó para entrar en la compañía fue Bunbury. Incluso creo que llegó a movilizar a periodistas y gente de la compañía de discos para que se fijaran en Distrito 14. ¿Cómo se produjo este apoyo por parte de Enrique?.


Habíamos grabado una maqueta con Ollie Halsall. Para mí el trabajo con Ollie fue otro de los sueños que se han hecho realidad a lo largo de nuestra carrera. Para quien no lo conozca recomiendo escuchar su guitarra en los discos de Kevin Ayers, por ejemplo. O en la versión acústica de “Días de Gloria”, en un minielepe previo que sacamos con EMI, como bien dices. Esa fue la clave, aquél trabajo con Ollie y su resultado artístico.
Aquella maqueta fue movida en compañías discográficas por gente vinculada con la música que creyó en nosotros, como Sandro Dangeli, entonces en Radio Zaragoza, o Bunbury, con quien siempre hemos mantenido muy buena amistad, a pesar de nuestras diferencias de concepto en lo profesional. Él defendió nuestra maqueta en EMI, algo que siempre le agradeceremos, y posteriormente decidimos firmar por esta compañía, aunque había dos compañías más que querían ficharnos. Y tal vez, fíjate por donde, pienso que aquella decisión pudo no ser la acertada, aunque nos dio a conocer a gente encantadora como Mónica Navarro, que estaba trabajando en la compañía y al poco decidió abandonar su trabajo y convertirse en nuestra manager.

-De hecho en el disco Bunbury colabora haciendo los coros en dos grandes canciones: “Bajo el huracán” y “El final”. ¿Qué tal fue la experiencia de trabajar con él en un estudio?.


Entonces coincidíamos mucho en algunos bares de Zaragoza y la alegría nuestra y suya por nuestro fichaje por EMI aún nos unió más. Una de esas noches en que acabábamos por ahí a las tantas de la madrugada, se me ocurrió que podrían quedar bonitos unos coros suyos en un par de canciones. Y allí mismo decidimos que íbamos a probar y que si no nos convencían - a él o a nosotros - los quitaríamos. Pero llegó, cantó, nos gustó como habían quedado y ahí están grabados para siempre. Creo que fue una buena experiencia para todos.


-Aparentemente la voz de Bunbury y la tuya son diferentes, sin embargo encajan perfectamente en el resultado final (solamente hace falta oír las canciones). ¿Quién eligió esas dos canciones para que Bunbury metiera su voz, vosotros o él?.


Él y yo.

- Creo que “El cielo lo sabe” es un disco de referencia en la música salida desde Zaragoza. Para argumentarlo me remitiré a una opinión de Matías Uribe (periodista y crítico musical) que aparece en su libro “Polvo, niebla viento y rock” (2203): ““El cielo lo sabe” sigue siendo a estas alturas el mejor y más completo disco de pop-rock fabricado en estas tierras en toda su historia: excelente literatura y fabulosas canciones pop”. Con el paso del tiempo, ¿qué tal ves este disco?.


Siento decirte que casi nunca vuelvo a escuchar los discos que hacemos una vez están terminados. Pero pienso que todos los posteriores han ido superando a sus antecesores. Si no no hubiéramos seguido sacando discos. Aunque hay enlaces emocionales que se hacen con unos u otros. Y en ese sentido te puedo decir que cada disco de los que hemos hecho es para mí igualmente querido, igual de importante, clave en nuestra evolución, y aquél “El cielo lo sabe” sin duda lo fue. Pero pensando más en lo que expresaba, en el fondo, que en la forma.


-A pesar de ser una obra magistral, Emi sufre cambios y crisis que finalmente desembocan en la salida del grupo de la compañía. Nuevamente os veis casi en la misma situación de hace unos años. ¿Qué os motivó para seguir hacia adelante con el grupo?.


La ilusión y la total confianza en nuestro trabajo. Y esto lo da saber que lo que haces lo haces con verdad.


-El grupo empieza a componer nuevos temas y al fin algo de suerte os sonríe (con ello tuvo algo que ver John Evans, ver biografía). Decidís montar vuestra propia discográfica para autoeditar en 1995 vuestro segundo (tercero, ya sabéis por qué...) “La calle del sol”. ¿Cómo pudisteis llevar este doble trabajo de mantener una discográfica y presentar el disco?.


No lo sé. Y todo gracias a nuestro querido John Evans.


-“La calle del sol” a pesar de tener casi 10 años suena fresco y actual. Si tuvieras que volver a grabarlo de nuevo, ¿qué cambiarías?.


Ahora no podría volver a grabar ese disco. Esas canciones pertenecen a aquél momento, y es el reflejo de un período de vida. Por tanto no cambiaría nada de ese disco, ni de ningún otro de los que hemos grabado. Están ahí para ser escuchados siempre, pero solo pudieron ser hechos cada uno en su momento, son un cuadro, un libro terminado. Y la interpretación en directo de esas canciones, con el tiempo, se va transformando hasta llegar a sonar muy diferente. Pero con ese punto de origen, inamovible, que es la fijación en un disco para siempre.


-Tras esto ocurre algo inusual. Por una casualidad de la vida, al grupo le surgen conciertos por Cuba. ¿Cómo recibiste esta noticia y cual fue tu primera reacción?.


La noticia nos la dio Alberto a Enrique y a mí. Fue en una mañana de primavera del 96, sentados en un banco de una calle de nuestro barrio: El dueño de una sala de actuaciones zaragozana, donde habíamos tocado hacía poco, había ido a Santiago de Cuba por cuestiones de arte pictórico y llevaba consigo nuestro disco “La Calle del Sol”, que le gustaba muchísimo. Casualmente lo dio a escuchar al director del Ateneo Cultural de Santiago. Antes de su regreso a España, en el Ateneo, y en la Asociación Cultural Hermanos Saiz de Santiago, este amigo zaragozano recibió una propuesta para que nos la transmitiera, una propuesta arriesgada para todos: Una gira en las provincias orientales en Cuba.
Nunca se había hecho una gira de un grupo de pop o rock extranjero en aquella parte de la isla, solo en La Habana habían tocado alguna vez grupos de pop extranjeros. Cuando Alberto nos contó todo esto nos quedamos alucinados y pensando ¡Sí!. Los tres decidimos allí mismo que íbamos a ir para allá, a tomar un rumbo nuevo y desconocido en nuestra vida y en nuestra carrera. El sentimiento que entonces tuvimos es indescriptible, una ilusión desbordante. Había personas al otro lado del océano dispuestas a escucharnos, a llevarnos en gira con gran riesgo para ellos, no nos olvidemos que aquello es una dictadura. Y esa puerta la había abierto nuestro disco, nuestras canciones.


-Hasta allí llegáis y poco a poco la popularidad del grupo empieza a crecer entre la gente de Cuba que desde entonces os reciben siempre con los brazos abiertos. Allí me imagino que han debido de pasaros miles de anécdotas. ¿Cuál recuerdas con mayor cariño?.


Lo que con más cariño recuerdo es la sensación de respeto que el público cubano demostró hacia nuestra música. Incluso nos dieron al final de la gira el Diploma del Pueblo Santiaguero. No podíamos ni soñar que íbamos a recibir aquél reconocimiento que tantísima fuerza nos ha dado para poder llevar a cabo todo lo que ha venido después. Hasta hoy.
Anécdotas podría contarte para llenar muchas páginas. Un par de años después escribí “Diario de un sueño” donde conté algunos hechos, sentimientos de aquellos días y de una segunda gira que hicimos allí, cuando grabamos el disco en directo. Aquel Diario está incluido en el disco grabado en Cuba “A mitad del Camino”, que es un libro-disco. Pero también se puede encontrar en nuestra web www.distritocatorce.com para quien quiera conocer los hechos cubanos con algo de detenimiento.


-Pero el grupo no solo es popular en Cuba. Tras el sueño cubano, os lanzáis hacia el país que vio nacer el rock ‘n’ roll: EEUU. Aunque mucha gente no os conozca, sois embajadores del rock en español por esas tierras (¡¡¡7 giras por allí!!!). ¿Por qué crees que habéis tenido más éxito en América que en España?.


Porque allí las cosas funcionan de forma distinta. Y a nosotros esa forma de entender la profesión nos beneficia. La competencia es abismalmente mayor que aquí, pero lo que cuenta es el trabajo, la idea, el arte. Por lo tanto todo el mundo debe de empezar desde muy abajo, que es a lo que fuimos nosotros.
Todo creció como en las películas, desde lo más jodido, desde el esfuerzo, la velocidad, la falta de dinero y de descanso mínimo. Todo ha sido tan intenso. Las hemos pasado de todos los colores, ya ves, hoy somos dos menos en el grupo. Pero los que hemos quedado tenemos muchísima más fuerza que antes. Y hemos conseguido que todo el que escucha música rock o pop en español en los EEUU, nos conozca. Me estoy refiriendo siempre, que conste, al pop o rock en español, que no tiene nada que ver con el rollo comercial de baladistas, salseros y pachangueros difundidos desde Miami, que en definitiva es lo mismo que aquí, todo trapicheo. Y además del aspecto latino de nuestra andadura norteamericana, hemos tenido la fortuna de entrar también en el lado anglo. Aparecimos en periódicos como el Newsday de New York, o en la revista de la industria musical norteamericana CMJ, o en Satellite Sirius Radio de New York. Solo esto puede darte una idea de la dimensión tan diferente a lo ocurrido en España, hasta ahora.


-Vuestra discografía se complementa con tres directos muy representativos grabados en diferentes países: 1 “Noches con sol” (Zaragoza, 1997), 2 “A mitad del camino” (Cuba, 1998) y 3 “Live in Chicago” (2000). ¿Podrías hablarme brevemente de tu opinión sobre cada disco?.


-1: El reflejo de lo que nos hizo crecer como músicos el reconocimiento en aquella primera gira cubana.
-2: Mi disco preferido tras “El sueño de la Tortuga”. Es como una introducción en acústico a este último, un primer destello.
-3: La energía, la fuerza, el desgarro y la velocidad norteamericana. Fue la celebración de un grandísimo sueño hecho realidad. Nuestra segunda gira en los EEUU que llegaba a su fin, una gira que habíamos comenzado desde la nada en New York, con tan solo una actuación programada a priori y que había crecido sin parar hasta terminar con la grabación de un disco en directo. En aquella gira del 99 estaba previsto que acudiéramos a California de nuevo, a Texas, Nuevo Méjico etc. y sin embargo no pudimos movernos de New York y Chicago. Y eran los sitios más difíciles, que en principio parecía que iban a ser solo el comienzo. De un sitio al otro durante tres meses, con residencia en los dos lugares. Solo tuvimos tiempo de hacer algunas actuaciones en Washington.


-Tras este repaso, volvamos al presente: una de vuestras actuaciones más emotivas y especiales se llevó a cabo el pasado 3 de octubre en el Monasterio de Veruela. ¿Cómo viviste esta experiencia desde el escenario?.


Con la mayor tranquilidad y satisfacción que te puedas imaginar.


-Para mí fue una tarde inolvidable y llena de magia. Además fue un detalle muy grande por vuestra parte organizar el concierto de forma gratuita y encima alquilar un autobús para llevar a la gente desde Zaragoza hasta el monasterio. ¿Cómo surgió la idea de organizar algo así?.


Queríamos tocar las canciones de “El sueño de la tortuga” ante el público, pero dándole la oportunidad de penetrar dentro del caparazón, en el lugar donde fue gestado, en el útero, en el Monasterio, junto a nosotros. En el lugar que tanto nos ha dado personal y profesionalmente. Un lugar que siempre aparecerá ligado a nuestra carrera. Un lugar fuera del mundo donde poder hacer un paréntesis para mostrarnos en una casa única y especial, en el hogar donde se fraguaron las nuevas canciones.


-Algo que me resultó extrañó fue que no tocarais ninguna canción de vuestro segundo disco (tercero en realidad) “La calle del sol”. ¿Por qué no rescatasteis ningún tema de este fabuloso disco?.


Teníamos pensado hacer “El sabor de mi pasado” para terminar, en un segundo bis, pero los aplausos al final de “Días de Gloria” fueron tan grandes; el entusiasmo del público puesto en pie fue tan desorbitado, que tuvimos que ir al borde del escenario a aplaudirles nosotros también, a todos los que nos habían hecho pasar una velada tan maravillosa, tan inolvidable. Después de aquello creímos que el mejor punto donde dejar el concierto era ese.


-En el concierto comentaste que habías pasado momentos de bajón compositivo. ¿Qué proceso sigues a la hora de crear una canción?.


No es exactamente un momento de bajón compositivo a lo que me refería, sino una paranoia que me acompaña en los momentos, en los espacios de tiempo, en los que no hago una canción. Y esos espacios ocurren durante largo tiempo entre cada disco. Pero son naturales.
Entiendo la composición como el hecho de respirar. Para mí componer es la respiración del espíritu. Y es mucho más a largo plazo que la respiración física. Para poder componer, o sea expeler el aire de los pulmones, primero hay que recibirlo, primero hay que inspirar, llenarse de energía, aprender, comprender la vida o los hechos que te hayan tocado vivir en ese tramo de vida, para poder luego asimilarlos, y transformar esa energía recibida, hasta devolverla en forma de canciones, de textos, en poemas. Pues bien, cuando llevo mucho tiempo seguido inspirando llega un momento en que creo que no voy a ser capaz de sacar todo ese aire. Es una vieja historia que siempre me acompaña, qué le vamos a hacer.

-A pesar de ser un día tan especial, no tuvisteis a ningún invitado sobre el escenario. ¿Llegasteis a proponérselo a alguien (Bunbury, Antonio Vega...)?.


Antonio Vega estuvo a punto de venir pero conciertos suyos y la grabación de su disco finalmente se lo impidieron. La presencia de Antonio era la que correspondía a este disco, otros invitados en este caso carecían de sentido. Pensamos en algunos, pero finalmente los descartamos por ser - además de un concierto - una grabación en imagen y sonido de este disco “El sueño de la Tortuga”, mas algunas otras canciones adaptadas especialmente para este día. Concierto único donde el concepto de grupo, la responsabilidad, y la seriedad, estaba por encima de todo.


-El concierto se grabó para una futura edición en DVD. ¿Puedes adelantarnos cuando se editará aproximadamente y si incluirá alguna sorpresa más?.


Se editará en el mes de Marzo y, además del concierto completo en el Monasterio, incluirá un documental sobre cómo se hizo. Además habrá un largo y curioso documental sobre toda nuestra historia, con imágenes de todos los lugares, de muchas de las personas, músicos, productores, periodistas, que nos han acompañado en uno u otro trecho del camino, tanto en España como en Alemania, Cuba o EEUU. Y en esta historia se incluyen, además, la totalidad de nuestros video clips, que son unos cuantos.


-Cambiando de tema. Actualmente, ¿qué estás escuchando?.


El nuevo disco de REM, el Smile de Bryan Wilson y una gran selección de música clásica contemporánea, de finales del XIX y siglo XX, que me ha hecho un buen amigo muy puesto en este tema. También Peter Hammill, que llevaba una temporada sin escucharlo y eso no puede ser. Y Dalis Car, que también lo he rescatado hace poco, después de bastante tiempo.


-¿Y leyendo?.


Curiosamente la noticia del nuevo Premio Cervantes me ha llegado releyendo El Jarama y Las Andanzas de Alfanhui de Sanchez Ferlosio. Que siempre me parecieron obras sublimes. Otros libros últimamente han sido también relecturas de Ignacio Aldecoa, Miguel Delibes, Albert Camus, Julio Llamazares o Rudyard Kipling. Y alguno de nueva lectura “La hermandad de la uva” de John Fante, “El gran sueño del paraíso” de Sham Shepard, o “Las Ventanas de Manhattan” de Antonio Muñoz Molina.


-¿Qué película te ha impactado últimamente?.


Ultimamente, últimamente no. La última que me impactó fue “El hijo de la novia”. Y también he estado volviendo a ver neorrealismo italiano del que - no lo puedo evitar- soy un apasionado y siempre me impacta.


-Para terminar, ¿qué le dirías a la gente que aún no haya escuchado vuestra música?.


Que lo haga. Que nos escuche a ver qué le parecemos.


-Mariano, ¡¡¡1000 gracias!!!. ¡¡Gracias por la entrevista y por hacernos soñar con tus canciones!!.


Gracias a ti por querer saber de nosotros y de nuestro trabajo. Ya sabes donde estamos para lo que haga falta amigo.

 

 

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